Dia Internacional de la Mujer

Escrito por Nina Zamora

El Pole celebra enormemente la Fortaleza del género femenino, y es por esa razón que como comunidad queremos conmemorar el Día Internacional de la Mujer de manera especial.

Será compartiéndole al mundo inspiradoras historias que nos narran las tantas maneras en que nuestra bella disciplina ayuda a empoderar a las mujeres, devolviéndoles la fuerza interior, la motivación, y hasta la sensualidad que la sociedad muchas veces nos arrebata.

A diferencia de lo que podrían pensar personas que desconocen por completo nuestra disciplina, que desconocen el “cómo” y sobre todo el “porqué” lo hacemos, lejos de objetificarnos, el pole nos empodera.  La comunidad “polera” está provocando, a nivel mundial, una revolución que devuelve a las mujeres la fuerza, la motivación y la voluntad que la sociedad muchas veces nos arrebata. Cómo lo hace? Podría extenderme demasiado.

Las mujeres pole dancers aprendemos a aceptar nuestro cuerpo y a sentirnos cómodas en él al descubrir las mil capacidades físicas que poseemos y que desconocíamos. Nos sorprendemos a nosotras mismas en cada entreno, y descubrimos que no somos “el sexo débil.”  Así encontramos fuerza en nuestra propia femineidad.

Aprendemos a amar nuestro cuerpo por lo que es capaz de hacer, más que por cómo luce. La comunidad tan inclusiva y cálida nos reitera que somos perfectas tal cual somos.

Venciendo retos a diario descubrimos que toda constancia y perseverancia rinde frutos, y que cualquier obstáculo está tan solo en la mente. Todo lo podemos vencer. Mujeres que una vez se sintieron débiles se vuelven fuertes, ya que ,no hay nada que pueda hacer sentir más llena y completa a una persona que encontrar una pasión.

 

Vivimos en una sociedad que castiga la sensualidad femenina poniéndonos etiquetas negativas cuando queremos ser dueñas de dicha sensualidad y/o sexualidad. Con el pole, entramos en contacto con nuestro cuerpo y con nuestros movimientos, y así volvemos a entrar en contacto con esa sensualidad. Nos hacemos dueñas de ella por ser algo nato y nuestro solamente, para disfrutar por y para nosotras, y jamás para buscar aceptación masculina.

 

Sin extenderme más, porque podría seguir, pasaré nada más a que juzguen ustedes mismos a través de las historias de tan solo algunas de las inspiradoras mujeres que son parte de nuestra comunidad, donde ellas mismas podrán contarles las mil maravillas que el pole hizo en sus vidas.

“ Mi nombre es Karen Monge, y soy mamá de un angelito llamado Benjamín.

Cuando te das cuenta de que estás embarazada, de que vas a ser mamá; el mundo se te llena de ilusiones, el corazón se inunda del amor más puro que jamás se pueda experimentar…

Pero nadie te dice qué pasa cuando a las veintitrés semanas de gestación, esa hermosa melodía que palpita en tu vientre simplemente se detiene. Cuando la fría muerte convierte tu mundo en un desierto…

Contemplé la muerte, bien cerquita, porque la tuve dentro de mí, me tocó parirla, con todo lo que eso implica y como si nada, quedé con los brazos vacíos, el corazón destrozado y con mi salud quebrantada; me sentía débil, impotente, fracasada tanto como madre y como mujer. No entendía cómo el mundo seguía girando si yo estaba rota, mi hijo había muerto.

Me tocó seguir viviendo en un país machista lleno de tabúes, en un mundo que muchas veces es indiferente al dolor; en medio de todo ese desierto, encontré un oasis, mi Pole family.  Un oasis que por unos instantes me devolvía alegría, me brindaba una desconección del mundo exterior que te regala paz.

Fue un cuatro de febrero que llegué a clase por primera vez, no fue fácil, pero pude saborear ese “no se qué” que tiene esta locura llamada Pole dance Fitness, y seguí regresando a clases. De repente estaba logrando cosas que jamás imaginé posibles. Poco a poco comencé a desarrollar fuerza física, y un día, sin darme cuenta, descubrí que también estaba desarrollando fuerza en espíritu. Retándome y demostrándome de lo que era capaz fuíreconstruyendo mi confianza, mi autoestima, me volví a sentir esa mujer fuerte y luchadora que siempre había sido.

¿Los días tristes, esos en lo que te cuesta respirar y vivir, desaparecieron? No, pero cada vez fueron siendo menos, mi pole family me enseñó como volar; me caí muchas veces, pero estuvieron allí para sostenerme y ayudarme a emprender el vuelo las veces que fuera necesario. Entre logros, lágrimas, sonrisas, poco a poco se me fue reconstruyendo la vida, aprendí a volar y sobreviví al desierto.  “

Karen Monge, Salvadoreña.

 

“POLE. FITNESS. Dos palabras que suenan y son poderosamente impresionantes….. las  persona que  lo practican, seguro tienen su propia historia de reconocimiento y encuentro con esta disciplina.

Termine la primera clase, totalmente muerta, reconociendo que necesitaba gracia, técnica, esfuerzo, pero también algo más, requería un trabajo mental más allá de lo que se ve en la superficie.  Cada clase representa una hora de total desconexión, una hora donde solo existe el pole y el creciente reto que supone cada ejercicio.

Me descubrí en un ambiente sano, y eso que yo pensaba que subsistir en un entorno solo de mujeres era contraproducente y de valientes, son mujeres con diferentes anatomías, diferentes habilidades, diferentes trabajos, diferentes entornos familiares, diferentes edades, con una cosa en común una pasión por el Pole.  Cada una a su ritmo, escalando niveles, pero siempre dispuestas a ayudar a otras u otros.

De pronto te ves al espejo y ya no estás viendo las imperfecciones que uno cree tener, o que la sociedad dicta que tienes, sino que te ves y dices, “mira ese cuerpecito lo que es capaz de hacer”, Hay algo en esta disciplina que llega a esa parte que toda mujer tiene, ese amor propio, esa necesidad de no ser etiquetadas, sino la capacidad de redefinirnos, reinventarnos  una y otra vez.  Y no permitir que una sociedad te limite. “

Mónica Girón, – 35 años de edad, El Salvador.

 

“En el estudio encontré un pequeño mundo en el cual las cosas que siempre he detestado de la sociedad, desaparecen. La competencia por ver quién es ” mejor” cambia por aplausos y gritos de alegría cuando una compañera logra algo, no importa si es el spin más fácil o la figura más retante, yo celebro con ella  que se empodere de su cuerpo. Me quedé en el pole porque por una hora la forma del cuerpo deja de ser importante y decidimos impresionarnos por el trabajo que cada quien le ofrece a su cuerpo. Me quedé haciendo pole porque me ayudó a aceptar que este cuerpo es mío y que los limites de él están en mi cabeza y alma.”

Gaby Centeno  24 años de edad, El Salvador.

 

“El pole es mi pasión y se ha convertido en parte indispensable de mi vida porque me ha ayudado a superar los momentos más difíciles.

Me ayudó a superar un duro divorcio y a sobrellevar el sentirme sola en un país lejano al mío. Por este deporte conocí a personas maravillosas, una comunidad de mujeres fuertes que como yo viven apasionadas por el pole, yo las llamo mi pole family, son mi familia lejos de casa. Convivir con ellas practicando este deporte es algo que me ha devuelto confianza, alegría, sensualidad, amor propio, fuerza, libertad, y alas para volar, todo resumido en una palabra, me ha empoderado.

El pole me regaló la más maravillosa manera de vivir, sin miedo, superando nuevos retos a diario, y llenándome de satisfacción con cada logro.

No puedo expresar en pocas palabras lo que el pole significa en mi vida, pero siempre me gusta citar esta frase “Pies para que los quiero, si tengo alas para volar .” F.K

Stephanie González, 33 años de edad, Mexicana

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